Hojeando un libro de fotografías tomadas desde el espacio, volteo a las imágines de la Luna. Yo que soy del desierto jamás he visto un desierto tan yermo, de tan uniforme un gris-blanco. Nuestra única parentela que constituye la Luna son nuestros hermanos los minerales, nuestras hermanas las piedras; pero ¿donde está el hierro que le diera una sugestión de sonrojiso a esos cráteres precipitosos, el cobre que le diera un toque de azul-verde a esos mares vastos y áridos, el azufre que le diera un tinte de amarillo a esos llanos desolados, ese desierto de fantasía color de ceniza?

Aun los trajes de los buceadores del espacio son del mismo gris plateado mientras caminan laboriosamente sobre el suelo virgen dejando sus rastros incolores, la única pizca de color el rojo y el azul en el retazo de tela que llevan para reclamar en nombre de su secta ese territorio gris de la Luna.

Volteando la página me asombra la imagen de una salida de la Tierra sobre el horizonte curvo de la Luna, una gran joya de turquesa y jade, lapislázuli, perla, cornerina redondeada en su rodar por las corrientes del espacio. Las Himalayas, los Andes aplanados, los continentes borrados por el velo delicado de la atmósfera terrestre, no hay fronteras. Es de una pieza y es muy pequeña, muy frágil contra la totalidad del negro terciopelo.

No se oye el estruendo de las guerras que arden en la Tierra, los gritos de los heridos, de las madres desoladas. Ni el clamor, los cantos de las bodas y los carnavales. Son solamente nuestros. Nuestro es el herir de la Tierra. La luna no tiene agua para lágrimas.

Cerrando el libro, volteo a la Luna plena en mi ventana. Es más bella desde esta distancia, pienso, y suya es la belleza de los espejos, una belleza decidida por la luz que reflejan. Alumbra la noche con su faz desolada y es amada porque es testigo. Pobre Luna, allí no hay arcos iris; su grandísima ansia perturba todo lo que contiene agua en la tierra y en gran medida la amamos por la inquietud que nos causa en la sangre.





Rafael Jesús González nació en el ambiente bicultural/bilíngüe de El Paso/Juárez y asistió a la Universidad de Texas en El Paso, la Universidad Nacional Autónoma de México, y la Universidad de Oregon. Profesor de escritura creativa y literatura, ha enseñado en la Universidad de Oregon, la Universidad Estatal Occidental de Colorado, la Universidad Estatal Central de Washington, la Uni versidad de Texas en El Paso, y en el Colegio Laney, Oakland (donde fundó el departamento de Estudios Mexicanos y Latino-Americanos.) Ha también enseñado en las escuelas primarias y secundarias bajo el programa Poetas en la Aula. Su poesía y artículos académicos aparecen en revistas y antologías en los Estados Unidos, México, y el extranjero; su colección de versos El Hacedor De Juegos/The Maker of Games publicada por Casa Editorial, San Francisco, se imprimió por seguna vez. Has sido tres veces nombrado para el Premio Pushcart. También artista en artes plásticas, su obra se ha expuesto en el Museo de California de Oakland, el Museo Mexicano de San Francisco, el Museo de Arte Charles Ellis en Milwaukee y otros en los EE. UU., México, y el extranjero. Fue Poeta Residente en el Museo de California de Oakland y en la Biblioteca Pública de Oakland bajo el premio "Escritores en Sitio" de Poetas y Escritores Inc. en 1996 y ha side elegido para el Premio Anual por Exito Literario de Dragonfly Press en 2002. Forma parte de la Mesa Directiva de la University of Creation Spirituality en Oakland; el Comité Asesor Latino del Museo de California de Oakland, y la Mesa Asesora sobre las artes de la Ofincina de Educación del Condado de Alameda.
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